
Lo crudo no tiene por qué asociarse con la falta de delicadeza. Ni con los niveles de sonido alcanzando volúmenes, ni exclusivamente con el punk, el ruidismo o cuanta bofetada sónica pueda uno recibir. Lo crudo no tiene que ser obligatoriamente una carne roja sangrante. Aunque en nuestro caso adoremos esos extremos. Lo crudo es más bien una disección a navaja de lo que uno tiene entre manos, para empaparse de sus jugos en ausencia de cualquier contaminación. (...)