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miércoles, 16 de julio de 2014

Galavera
Dos y Dos (Infinito Discos, 2014)
La evocación inaprensible


Uno se siente irremisiblemente perdido cada vez que trata de usar con conciencia la palabra evocación. Y ya su desconcierto es total cuando no es el único (prácticamente aparece el término en cuanta referencia se hace de este disco) que declara que el trabajo presentado por Galavera tiene un indiscutible poder evocador. (...)


Pero evocador de qué? Y ahí es donde nace el desasosiego. Ni idea de dónde proviene ese poder en Dos y Dos, qué tipo de fibras es capaz de retorcer para que a uno le inunde una irrefrenable sensación de melancolía, de nostalgia de algo inasible e intangible, de pérdida y reencuentro, de evocación plena de un pasado lejano o cercano que ni siquiera sabes si existió. Pero es lo que hay. Tratas de entender si el efecto viene de la indiscutible personalidad de la voz de Raúl Tamarit, que por momentos te recuerda a las experiencias sentidas y casi vividas en textos y músicas de Fernando Alfaro, pero con unas características absolutamente propias, hasta que es Vanessa Juan quien toma la voz cantante en Semana Santa y la magia continúa. Puede venir del indiscutible poder hipnótico de un formato acústico que en su desnudez se adentra en la pura médula pop de unas canciones que son eso, puro pop, pero que crece en matices cuando aparecen slides, trompetas, trompas, algunos teclados y ese violonchelo que supone una especia de caricia suave y a la vez incómoda. Sin duda, tienen su importancia unas letras que pueden pasar del costumbrismo al surrealismo, que pueden hablarte de que dos y dos son cuatro para soltarte que No quiero volver a tu lado, rompiendo la ecuación matemática; o homenajear el pensamiento libre de Luis García Berlanga en Jueves, milagro; el sabor de una despedida en Sal y Limón, con el mar como metáfora; el sueño inalcanzable que todos dos ansían de crear un mundo especial para el otro en Te inventaré, una canción que va trepando hasta hacerse imprescindible para la propia existencia de esos dos; la calidez extraña de unas manos frías recordando tiempos idos en Semana Santa; o cantando al dulce acto de dejar pasar el tiempo en A la sopa boba.

Sí, puede ser un poco de todo eso, aumentado por el color sepia vital de una portada de dos simples cuerpos ¿desnudos? sobre las dunas de una playa. Puede ser eso o la capacidad compositiva de un Raúl Tamarit que nos muestra el reverso de la intensidad eléctrica que despliega en Los Radiadores ahora que se junta con su compañera y nombran al proyecto con el nombre compuesto de sus dos hijas.

El caso es que uno sigue buscando explicaciones a su poder evocador, tan mediterráneo él para un tipo tan cantábrico como quien esto escribe, que aún y así no duda en buscar el mar cerrado cada vez que quiere compartirlo con Ella. Y posiblemente no exista ninguna razón, más allá de la magia que puede alcanzar el pop cuando no le importan sus ropajes, cuando se tizna de ráfagas de desierto, de sonidos de bandas municipales en el kiosko de la plaza, de esperanza y caída. Cuando se tizna de simple belleza.
*Compra el disco a través de la página de Galavera en Bandcamp
Suena la corriente: "Te inventaré" - Galavera


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