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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Son and The Holy Ghosts en Deezer Monkey Week
Visiones entre canciones y caldos (I)


*Autores: Xesc Carbonell, Sara G. Piris, Quique Pérez

*Nota: Los mallorquines Son and The Holy Ghosts participaron en el pasado Deezer Monkey Week 2013 y les propusimos que nos dieran su visión desde dentro de uno de los eventos musicales más importantes del país. Aquí están sus andanzas, impresiones y anécdotas. Sol, guitarras, caldos y pescaíto. Mil gracias... (...)


Como bien reza el dicho, “de bien nacidos es ser agradecidos”, así que me gustaría empezar agradeciendo a Río Rojo la oportunidad de plasmar en su blog nuestras impresiones sobre la participación de la banda en la quinta edición del festival Deezer Monkey Week.

Siguiendo con los agradecimientos, nosotros pudimos participar en el festival gracias a la iniciativa del Institut d’Estudis Baleàrics, organismo perteneciente al gobierno autonómico de las islas, que ayuda a impulsar la cultura balear fuera del ámbito isleño.

Junto a nosotros, fueron seleccionados Jaume Compte Nafas Ensemble, Oso Leone y Jansky Electroverse. Una muestra muy ecléctica del panorama musical balear: Un cuarteto de cuerdas de música balcánica y mediterránea, un grupo de dreampop envolvente y ambiental, un dúo que mezcla electrónica y spoken word y una banda de rock.

Que nadie crea que me mueve el nacionalismo isleño al afirmar que, para un servidor, la representación balear fue de lo mejorcito de los participantes en los showcases. Sinceramente, creo que el nivel de la expedición fue muy bueno y dejó el pabellón bien alto.

Nos reunimos todos en el aeropuerto de Palma para volar hasta Sevilla y de allí, por carretera, hasta el Puerto de Santa María. El viaje trascurrió sin incidentes, incluso en el control de seguridad del aeropuerto, al registrar mi equipaje de mano, el guardia de seguridad, al ver todos aquellos pedales y artefactos de sonido y preguntar para qué servían, le dijo al compañero "déjale pasar que es un rockero". ¡Larga vida al rock&roll!

Tal vez la característica diferencial del Monkey Week respecto a otros festivales sea el formato de showcases, donde el público puede ver a grupos emergentes repartidos por un montón de escenarios esparcidos por toda la ciudad. Algunos al aire libre, en plazas y escenarios montados para la ocasión, otros, en salas y bares, restaurantes, antros y tugurios.

Eso hace que todo el Puerto de Santa María sea un hervidero de grupos, profesionales, prensa, y público mezclado con los lugareños. La ciudad de la música, lo llaman. Si a eso unes la maravillosa oferta gastronómica, tienes una ciudad bulliciosa, con gente inundando sus bares y terrazas, un lugar donde la palabra aburrimiento carece de significado.

Con las acreditaciones colgando del cuello, nos lanzamos a callejear. Por circunstancias del destino, es una tercera visita al Puerto, así que ya nos conocemos el percal. Como no podía ser de otra manera, la primera noche, toca cenar pescaíto frito. 

Después de cenar, para nuestra sorpresa, el dueño del local se fuma un pitillo en el interior. Ante la pregunta ¿pero se puede fumar dentro?, su respuesta es “hombre, poderse no se puede, pero no seré yo quien te lo impida…”. El regocijo de los fumadores fue instantáneo al igual que la polución de la atmósfera.

Otra vez en la calle, unas cañas por aquí, unos vinos por allá (hay un mesón llamado El Leonés, donde los excelentes vinos se acompañan de jamocinto, cañita de lomo, etc.). Allí nos encontramos con varios de los personajes más influyentes del panorama indie nacional “más cocíos que una merluza”, entre risas el comentario es “llevamos así desde el mediodía”, bienvenidos al Monkey Week.

En la Sala Mucho Teatro se desarrolla la fiesta de presentación, así como en los dos próximos días los conciertos de los cabezas de cartel. Vemos a los Hermanos Cubero, dúo de folk que no se sabe porqué misterio parecen gustar ahora al público indie. Son tíos cabales y saben que esto es puntual, un snobismo y que este no es su público. Avisan “tranquilos, no va a ser muy duro, sólo tocaremos una hora”. Curtidos en mil fiestas de pueblo, despliegan su arsenal de jotas castellanas entre luces de neón.

Al ver que también empiezo a estar cocío, decido que una retirada a tiempo es una victoria. Mañana será un día muy largo.

Nuestro alojamiento estaba frente a la iglesia parroquial más grande del Puerto, en la plaza de España. Eso puede parecer muy pintoresco, pero el viernes 01 de noviembre, día de los difuntos, a una hora extremadamente temprana, las campanas repicaron y doblaron más que en la obra de Hemingway. Quizás para compensar, el desayuno en la cafetería Campanario fue excelente y nos preparó para ponernos en camino a la feria.

La otra característica diferencial del Monkey es su concepto como feria o mercado, donde poner en contacto a las empresas del sector con los grupos emergentes. En este sentido la edición 2013 ha experimentado un crecimiento espectacular al trasladar su sede a la Bodega de Mora de Osborne. Un sitio absolutamente mágico, lleno de patios andaluces con arcos, jardines, fuentes y plazas. Y por supuesto, bodegas. En una de las cuales se celebraban conciertos, un lugar donde el tiempo parecía haberse detenido, impregnado del aroma que los caldos habían dejado con el paso de los siglos. Allí, rodeado de barricas de roble, con una temperatura fresquita (nada que ver con el solazo veraniego del exterior) y unos techos altísimos que producían una reverberación natural digna de una catedral, vi dos conciertos: Ken Stringfellow y Jaume Compte. Y sin ninguna duda, fue el escenario más mágico del festival.

En ese contexto se desarrollaba la actividad de los distintos stands. Protegidos del sol abrasador por las arcadas, los profesionales se afanaban por ir montando sus chiringuitos. Aunque para chiringuito, el que había montado Osborne, que para eso jugaba en casa. Un barra de bar donde servían GRATUITAMENTE carajillos de Magno, ponches y demás brebajes. 

Como os podéis imaginar, para el medio día, el cocedero de merluzas volvía a estar a tope, eso sí, los mimos rostros de la noche anterior, pero con gafas de sol.

En una de las plazas de la Bodega de Mora, tenía emplazado su escenario Mondosonoro y abrieron fuego nuestros Oso Leone, quienes a pesar de la solana despertaron la expectación del público y los profesionales acreditados.

Ese era el territorio de nuestro Management, que trabajó mucho y bien durante todo el día: trabando alianzas, cerrando acuerdos y aumentando contactos. A las 8 teníamos el primer bolo, en la sala Rodeo y vendrían a vernos promotores.
Antes de los conciertos solemos juntarnos todos y cantar juntos a pelo el repertorio, es muy bueno para calentar las voces y crea un sentimiento de unión y confianza en el grupo.


Tocamos después de Ulises Hadjis, un venezolano que actuaba solo. Muy bueno, aunque muy parecido a Jorge Drexler. Cuando bajó del escenario había cuatro gatos, subimos y en un par de minutos arrancamos con Disaster. El local se llenó, entre el público distinguí a miembros de Niño y Pistola y Mucho. A pasar de lo pequeño del escenario y unas luces terribles, nos crecimos y dimos un buen concierto. No fue el mejor que hemos hecho, pero estuvo bien. El técnico nos felicitó diciendo que le habíamos parecido de lo mejorcito del festival. Siempre es de agradecer cuando los elogios vienen de profesionales.

Después del bolo (y unas cuantas birras) volvemos al hotel a dejar trastos y de allí a cenar. Algunas novias han llegado de Palma y también hay colegas que han venido al Monkey, además de Esther y Manolo de la Sala en Ceuta, viejos amigos de cuando tocamos allí. Acabamos todos en el Mucho Teatro, pero cuando llegamos debían estar tocando los Posies y aún no habían empezado Chucho, malditos retrasos. Me retiro con Fernando Alfaro y cía en el escenario, no quiero empezar el sábado con resaca.
(Continuará...)

Suena la corriente: "Disaster" - Son and The Holy Ghosts



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