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miércoles, 9 de octubre de 2013

The Only Ones
Manchando como el barro


Es curioso cómo el lenguaje se puede pervertir, manosear, adaptar a los intereses particulares de cada uno. Y ésa es una de las más bellas (y peligrosas) peculiaridades del mismo. Aquí en el Río somos muy dados a otorgar significados absolutamente personales a expresiones que en genérico indican otras cosas. Ídolos de barro? Hombre, claro, personajes creados sin la más mínima base y capaces de derretirse a las primeras de cambio. Bien, no en Río Rojo. (...)


Aquí tenemos los santos cojones de considerar un ídolo de barro a Peter Perrett. No, no hablo de sus caídas a los infiernos de las sustancias inyectables. No, no hablo de tres únicos discos y una carrera de apenas seis años. Hablo de que The Only Ones hicieron canciones que pringan, que se te incrustan entre las uñas y no hay manera de encontrar cepillos que las saquen, canciones que cuando las escuchas sientes lo mismo que cuando acercas tu mano al barro que pide recibir forma. Sí, si lees por aquí que Peter Perrett, John Perry, Mike Kellie y Alan Mair son ídolos de barro, no pienses como todos. Piensa como quien es capaz de amar a The Only Ones.

Tan chulos ellos, tan macarras, que son capaces de llamarse Los Únicos sin la más mínima vergüenza. Y me vais a decir a mí si debo usar el lenguaje en sus correctas acepciones? Anda ya. Recuerdo aún mi vieja chaqueta negra de tela vaquera que acompañó mis años de acné. No sé si tenía más mierda acumulada la chaqueta en sí o la dos o tres chapas que pendían de la solapa. Una de ellas seguro que la tenía, la chapita de The Only Ones comprada en el rastro de Madrid nunca abandonó aquella solapa, al menos hasta que una noche cualquiera la chaqueta voló.

Ya, pero quedaban tres discos de una banda que Perrett y Perry montaron allá por 1976 en un Londres en plena ebullición punk y new wave. Sí, estaban en el mismo saco, punks de aquéllos que sustentaban sus bases en el más climático power-pop, en pildorazos de los de a descoyuntura ósea cada baile. Su disco homónimo de 1978 es una de esas joyas que siguen manchando como el barro. Con un Another girl, anther planet que tiene la esencia de lo que debe ser una canción, la melodía, la energía, el estribillo, los coros, las guitarras, la letra joven, sí, otro planeta… Con un City of fun con la velocidad del niñato, con un Language problem llena de aristas de descaro, con una The Immortal story perfecto ejemplo de aquellos años. Pero que escuchado en su totalidad, esconde matices más que destacables respecto a la falta de ellos en otros grupos de la época, como esos saxos sobre ese rock arrastrado de The whole of the law (verdad, Yo La tengo?), o ese Breaking down capaz de irse de paseo entre el jazz y la psicodelia, o esa canallesca que pillas entre The beast y No peace for the wicked, esos aires a The New York Dolls, esos reflejos a Mott The Hoople. Un disco inolvidable.

Y esos caminos diferentes a la hornada del 77 los ves claros en Even serpents shine (1979). Ya ese inicio con From here to eternity y Flaming torch te remiten a rock’n’roll americano, y hasta en la voz, en los planteamientos, ves el anticipo de lo que unos años después hicieron los chicos del Paisley Undreground o nuestra más cañí verbalización como Nuevo Rock Americano. Cierto que Programme mantiene los lazos de urgencia punk, pero The Only Ones establecen las diferencias que llevaban en sus genes musicales. Y No solution o Out there in the night les siguen emparentando con el pop, la deliciosa Someone who cares con el rock atemporal e In betweens con sus juegos psicodélicos y hard.

Aún tuvieron tiempo para un disco más, Baby’s got a gun (1980), que aún bajando el pistón, es capaz de comenzar con un pelotazo eterno como The happy pilgrim. Buscándoles la compañía una producción de relumbrón ante la relativa poca venta del anterior, se ponen en manos de Colin Thurston, que venía de meter sus manos en cosas como Duran Duran o The Human League. Y esa producción tan ochentera se nota, aún cuando el disco tiene momentos interesantes, pero reconozco como el que menos me interesa.

En el 82 llegó la desbandada, sus luchas personales contra sus demonios, las colaboraciones de unos y otros con gente desde Johnny Thunders hasta Marianne Faithfull, hasta que en 2006, un anuncio publicitario de una compañía telefónica usó Another girl, another planet, y vieron su momento. Cierto que cientos de músicos los habían citado como ejemplo musical a seguir (siempre se establecerán comparaciones con The Replacements), y que decenas se habían atrevido con el Another girl…, pero el éxito comercial del anuncio en cuestión les llevó hasta nuestros días, donde como The Only Ones o el propio Peter Perrett, siguen tocando en directo.

Dicen los que les han visto que Perrett y compañía aún son capaces de defender con dignidad el legado. 
Eso deseamos.

Suena la corriente: "Another girl, another planet" - The Only Ones



5 comentarios:

  1. Sabias palabras, bonito homenaje y siermpe Only Ones.

    Saludos!

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    1. Sus dos primeros discos, simplemente imprescindibles.
      Ya lo sabes tú!
      Abrazo

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  2. Siempre quise sumergirme en esta banda, pillo si no te importa este artículo como guia. Me viene muy bien. Abrazos!!

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    1. Joe, cómo me va a importar, un inmenso placer. Para eso está, pero no olvides comparar y buscar...
      Abrazo

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  3. Qué buen disco ese primero. Hace relativamente poco tiempo descubrí el de Perret en solitario y me encantó. Pringan, manchan, Vd. sí que sabe.

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