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martes, 28 de junio de 2005

Aún queda color

Allí estaba yo, en una salita de paredes enteladas. Hortera, muy hortera, como casi todas las salas de estar, las habitaciones, los comedores, las cocinas, los minúsculos jardines de cada una de las sencillas casas de aquella barriada de clase media del gran Londres.

Y me preguntaba qué coño hacía allí, acompañado de dos señoras maduras (no, aún no eran clásicas viejecitas inglesas), dispuesto a tomar el té (pues claro que con pastas, faltaría más). Estaba siendo un julio excesivamente tórrido y húmedo incluso para lo que era habitual. La buena señora de la casa se apiadó de mí, y pude dedicarme a una cerveza mientras las dos cotorreaban de sus cosas. Y sólo una de sus cosas, el hijo de una de ellas, me interesaba.

En una conversación con la familia con la que pasaba aquel verano (oficialmente de mejora del idioma, personalmente de descubrimiento de los entresijos de una ciudad que años antes había sido algo así como un sueño), comentando sobre los discos que me había comprado aquella tarde en un mercadillo, enseñé un par de flamantes vinilos de Squeeze. Los gritos, las risas, los nervios me sorprendieron.

Y una semana después, allí estaba yo con las dos buenas señoras. Mi madre de alquiler y su vecina-amiga-íntima-de-toda-la-vida. Y yo lo único que quería era que se pasara por la casa el hijo de esa vecina. No lo hizo. Pero vi sus fotos, de niño, de adolescente, de jovencito formal.

Pero el tiempo, el calor, la vida, borra los recuerdos. Al menos los difumina. Los nubla. Y por más que intento, no tengo ni idea si los álbumes de fotos, la casa, la madre que ví eran de Chris Difford o de Glenn Tilbrook.

Y la verdad, no importa lo más mínimo. Hace unos días me desempolvaron a Squeeze. Y recordé los momentos que me hicieron pasar. Y recordé que "East Side Story" fue algo más que una segunda piel.

El tiempo pasa. El calor pesa. También para Ella. Lejos aún de mis cuarenta. Pero ayer es un pasito más para esa misma piel que queremos ser. Y tendremos nuestra historia. Y te contaré lo de las viejillas. Te contaré tantas cosas sinsentido, banales. Por el placer de estar contigo.

Aún nos quedan colores. Tras la puerta.



Suena la corriente: "East Side Story" - Squeeze

sábado, 25 de junio de 2005

Ferpectamente

Decía ayer que no necesitaba una guitarra sola en el escenario. No es cierto. Siempre las necesito. Siempre me hacen sentir.

En el 98, más o menos, recién llegado yo de tierras lejanas. Trataba de tomar de nuevo el pulso a la noche. De Madrid. Elliott Murphy, en aquella sala, compendio de razas, Suristan, me demostró que con una guitarra, él solo, era capaz de llenar un escenario. Llenarlo de rock incendiario. Para crear llamas, no se necesita mucha gente.

Siete años después, hay gente que me lo sigue demostrando. Un escenario. Apenas veinte personas debajo (empieza a ser norma, demasiadas orejas). Dos guitarras arriba. Josele Santiago y Pablo Novoa. Sí, ellos solos, pero con algunas de las mejores creaciones de rock en castellano. De rock sin idiomas. Simplemente de rock.

La versión más elegante, más sentida que he oído nunca de uno de mis iconos, Route 66. Después de desgranar miserias y tristezas, retazos de un corazón jodido.

Morcilla. Callos. Tequila. Siempre asocié a Los Enemigos a palabras tan, aparentemente, groseras. Entre Vías Lácteas y Agapos, territorios dominados hace años, en cada parada callejera, ahí estaban. Sonidos que alimentan.

Muchos años después, Josele me demuestra que se puede llenar un escenario solo con guitarras. Que se debe. Él paga sus deudas.



Suena la corriente: "Las golondrinas etc." - Josele Santiago

jueves, 23 de junio de 2005

Fuera de lugar

Pues no sé, habrá que achacarlo a este calor, que sintiéndose uno más a gusto en climas fríos, puede llegar a machacarme.

O a que hoy he madrugado algo más de lo normal, total, para encarar otro día jodido (jodido día). Van demasiados seguidos.

O a que aunque me hablen de esa luna de verano (esa luna que es Ella), por mucho que retuerza el pescuezo, no veo más que terrazas, antenas, carnicerías, todo-a-cien (mi territorio visual necesita autodeterminación ya).

O a que en hora y media podría disfrutar una vez más de la ironía y la mala baba que siempre me ha regalado Sergio Makaroff, y sé que no lo voy a hacer. Hoy no necesito una amable guitarra sola en un escenario y dosis de afabilidad. Aunque sean del explorador celeste. Hoy me iría más un buen puñetazo. En el estómago. O en la cara. O donde coño quieras.

O a que aunque el tío Aquilino haya participado en exorcismos y el tío Benigno ponga cara de enfadado y vuelva a amenazarnos, ya no me tocan los cojones. Aquí todos quieren sus trocitos del pastel de la basura-popularidad. Y ahora ambos son las dos cosas.

Pues no sé qué será, pero hoy estoy fuera. De lugar. De mí. Del mundo. De estos papeles.

Hoy (casi) todo me importa un carajo.
Bueno, venga, vale, dos carajos, porque ya imagino qué más de uno habrá pensado ¿y a mí qué carajo me importa? Jodidos bloggers, que todo tienen que contarlo.



Suena la corriente: - "Three" - Archer Prewitt

martes, 21 de junio de 2005

Es fácil provocar

Es fácil provocar, decía el bicho hace unas cuantas líneas (siempre evocadoras, siempre de agradecer). Mientras las leía, acompañado de un café casero, un eterno cigarro y un runrún musical que ahora no identifico (no, que ahora no recuerdo; tal vez suenen demasiadas cosas, tal vez olvido demasiadas cosas), pensaba que igual de fácil es caer en la provocación.

Me repetían, esto no va contra los homosexuales, es otra cosa. Y lo decía el capitán de la verdad. Yo pensaba, mentira. Me repetían, esto es simplemente defensa, ante un ataque. Y lo decían esos ojillos entrecerrados de mi querido Rouco. Pudo ser el sol. Pero yo siempre he visto en ellos odio. Ese hombre odia. Y yo pensaba, mentira.

Unos días después, caen las caretas. Hablan voces, elegidas por ellos, y dicen lo que piensan ellos. Espero (deseo) que muchos de los que fueron se asusten ahora. Como se asustan incluso ellos mismos, al oír lo que piensan. La Iglesia no. La Iglesia no se asusta. La Iglesia es una piedra. Ellos siempre con los débiles y los inocentes. La Iglesia. A esos ya les conocemos. Sabemos cómo las gastan.

"Patología; padre hostil, violento, alcohólico, distante; madre sobreprotectora, fría, necesitada de afecto, emocionalmente vacía; incapacidad de defenderse; fobia social; abusos sexuales; depresión grave, trastorno obsesivo compulsivo, suicidio, crisis de ansiedad, consumo de drogas, trastorno de conducta, esquizofrenia, narcisismo patológico; enfermedades, promiscuidad, inestabilidad, no ser masculinos". Entrecomillado. Porque así da más miedo. Por ser su verdad. Por ser lo que piensan. "Un discurso magnífico".
Aquéllo no iba contra los homosexuales.
Es fácil provocar.
Y más fácil caer.

Creo que debo aislarme. No TV. No radio. No prensa (esto cuesta, son muchos años, soy perro viejo, lector viejo).

Pero es que eso es lo que soy. Y supongo que lobbysta. Del lobby gay. Y del laico. Y del masón.

O me aíslo, o caigo. Y si caigo, luego empiezo a decir cosas.

Oye, y Acebito que dice ahora de todo esto?
Nada, que ha sido ETA.
Ah.



Suena la corriente: "The sunlandic twins" - of Montreal

sábado, 18 de junio de 2005

Hermano blues

Un francotirador. De esos que aún quedan en las esquinas. En los pisos altos de edificios abandonados. Y que mantienen sus armas siempre cargadas. Con la única munición que conocen.

Malcolm Scarpa saca el mástil de su guitarra por la ventana. Apunta. Y dispara. No sabe hacer otra cosa. Ni falta que le hace.

En un pequeño local, sin siquiera escenario, en una esquina, dispara, dispara y dispara. Él sólo. Y su arma. Disparando sucias balas. Con sus defectos de calibre. Y su fiabilidad para alcanzar la diana. Balas de Hank Williams a Memphis Slim. Balas de Elvis a los Beatles. Balas hasta de boleros. De desamor. Como el buen bolero.

Gusta, relaja, escuece. Que todavía quede gente así. Gente sin camiseta, con una guitarra, capaz de enfrentarse al mundo.

No sé, igual no todo está perdido.
Me gusta ser diana.
Me gustan los francotiradores.



Suena la corriente: "Las cosas cambian" - Malcolm Scarpa

miércoles, 15 de junio de 2005

Aterrados

Aterrados, oiga. Así nos sentimos. Al menos en mi familia. El estupor, lo incomprensible, el miedo (qué digo el miedo, el pánico) se va poco a poco apoderando de nosotros.

Mi madre ha entrado en esa dinámica loca de acopiar víveres. Ha desmontado la habitación de invitados, que ahora hace las veces de gigantesca despensa. No suelta el teléfono, tratando de convencerme de que debo dejar inmediatamente mi casa (hijo, ahora no está muy bien visto un soltero) tal como esté, con la sartén al fuego y la ropa tendida, si es menester. Con la música sonando. Aunque aún no haya terminado de tragar las pildoritas pop, todo amor y desamor, todo candor, suave y recogido, del niñito (bueno, ex niñito) Ben Lee.
Vuelve locos a mis hermanos, repartidos por el mundo, para que iniciemos el reagrupamiento de manera inminente.

Vamos a ser atacados. Sí, nosotros. Nuestra familia. Vamos, todas las familias. Las católicas tradicionales (y las no tradicionales, claro), las civiles (aunque esas no sé si cuentan), las monoparentales, las estructuradas (y las no), las bien avenidas y las que encierran tremebundos secretos. Todas toditas.

Y lo sabemos de buena tinta. Buenos son ellos, como para no avisarnos. Ellos, que nunca se echan a la calle, ni por guerras, ni por sus pequeñas pederastias internas (bah, un juego, comparado con este ataque), ni por penas de muerte. Ahora no tienen dudas. Y cómo van a equivocarse. Mi querido Rouco lo sabe (de verdad, ¿seguro que dicen que ya no manda él?).

Y los otros, los radicales. También se echan a la calle (bueno, tienen larga tradición). Y también nos lo avisan. Y seguro que tienen razón. Que ellos no mienten nunca. Que Acebito tiene una cara de bueno, de no haber roto un plato, de ser puro, que echa para atrás. Cómo no van a tener razón.

Pues eso. Atacados. Sí, sí, atacaditas todas las familias. Desde el abuelo hasta el último nieto. Las amantes (o los amantes) no sé si también. Pero vamos, que todo el edifico, seguro. Creo que la CNN ya empieza a mandar reporteros. Y cuando esos hacen eso, ya se sabe. Seguro que hay bombardeos, bajas civiles, daños colaterales, secuestros, venganzas, purgas, coches bomba. Y encima, todo, todo, dirigido por mariconazos.

Menos mal que les tenemos a ellos para defendernos. Es que además el de arriba no hace nada para ayudarnos. No manda rayos. No asuena truenos. No enciende centellas.

No sé. Igual es que le tenemos realmente cabreado.
Pero eso sí. Nosotros, aterrados.



Suena la corriente: "Awake is the new sleep" - Ben Lee

lunes, 13 de junio de 2005

Cadenas

Cadenas. "Memes", dicen los gurús. Desde hace tiempo vivo de espaldas a ello. Borré los enlaces a esos portales corporativos. Me apunto a concursos en los que luego no participo. Ya sólo me interesa la gente que me interesa. No siempre fue así. Pero me hago mayor.

Y bichito me envía la invitación a poner eslabón. Y soy muy mío con los bichos a los que aprecio (y admiro, quitémonos caretas).

Tamaño total de los archivos de música en tu ordenador

Es para pensar que esta pregunta la haya concebido el enemigo. Y si así ha sido, contesto gustoso entonces.
Marca 25,8 gigas.
¿Y qué medida he de aplicar para condensar los vinilos y cd’s? Me niego a contar los surcos. Y siempre he huido de la unidad.

Último disco que compraste

Dos recopilatorios ante los que caigo rendido, no se si por afán coleccionista, o por la emoción de comprar algo nuevo de ellos.

Yo la tengo – "Prisoners of love"
Townes Van Zandt – "Drama falls like teardrops"

Canción que estás escuchando en este momento

Hoy no tengo cuerpo (ni mente) para estar selectivo. La función aleatoria se encarga de ello.

The Silos – "Going round"
Extraña versión en directo que no sé de dónde saqué en su día. Me alegro que sea ésta. Salas-Humara no me suele fallar.

Cinco canciones que escuchas mucho y que, por tanto, tienen gran significado para ti

Nunca he podido con las listas de tus cinco… A pesar de ello, logré disfrutar con la Alta fidelidad de Nick Hornby.
Así que si él pudo, allá voy (siempre mudable, como todo lo escrito. Mañana será distinto).

Neil YoungOver and over – por Ella
Bruce SpringsteenThunder Road (la versión al piano de la caja en directo) – por mí
The FleshtonesLegend of a wheelman – porque fue mi sintonía perfecta
Joy DivisionLove will tear us apart – porque lloro
ParaísoPara ti – por lo que supuso, pues eso, para mí

Permítaseme no pasar testigo. Salvo, tal vez, CV, si encuentra tiempo y le apetece. O quien se dé por aludido.
Y Ella, que me lo susurrará al oído.



Suena la corriente: (que ya ha cambiado) - "Ballad of a thin man" - Bob Dylan

sábado, 11 de junio de 2005

"Waitin' around to die"

Estaba en la cubeta de discos de jazz en una de esas hamburgueserías de discos. Supongo que el encargado de turno, haciendo gala de esa gran sapiencia que les suele caracterizar, no lo dudó un momento. A pesar de la portada. Eso sólo podía ser country.

Pero no era solo eso. Era country, y folk, y blues, y también rock. Y era alegría y tristeza. Euforia y miseria. Letras capaces de herirte en lo más profundo, y a los pocos acordes, mecerte, susurrarte, consolarte, reconfortarte. Era de ese tipo de gente que aborreces que ya no sigan pariendo frutos.

"Hey, drama falls on us like teardrops. Boy, if I had any more drama in my life I’d drown!"

Y Townes Van Zandt se ahogó. En alcohol, durante muchos años. Viviendo al filo de la navaja, del abismo. Mientras recorría carreteras, valles, montañas, praderas. Desde pequeño lo hizo con sus padres. Luego por su cuenta. Llegando hasta la médula de su vasto territorio. Obligando a la gente a agarrar con fuerza su vaso. Para creer que lo que veían, lo que escuchaban, era real.

Hace tiempo que no volvía a él. Pero sabiendo que siempre está ahí. No tendré nada nuevo. Pero lo ya parido vale una vida. La suya y la mía.
Y en la cubeta de jazz estaba "Drama falls like teardrops". Belleza para un título que esconde 36 gemas. Una excelente selección. Y tres horas por delante en el coche, soñándome por carreteras que él rodó algún día.

La vida es miserable. Muchas veces. Pero tiene belleza.
Y aquí sigo tres días después. Con lo mismo.
Soñando.



Suena la corriente: "Drama falls like teardrops" - Townes Van Zandt

jueves, 9 de junio de 2005

Sonidos para una noche de centro

Le dije a Ella un día que lo que le gustaba eran las guitarras arrastradas, las lloronas, las que parece que sufren mientras suenan. Sé que tengo que compartirla con gente como Neil Young (eterna presencia), como Steve Wynn. Soy yo el agradecido. También le comparto con ellos.

Hoy Jason Molina me ha enseñado que no es simplemente un émulo. No es un simple negativo movido de Young. Magnolia Electric Co. son una buena banda de country-rock. Sí, eso que ahora se ha dado en llamar alt-country. Hay que comer. Hay que crear etiquetas.

Sus guitarras no parecían sufrir tanto. Una slide suele dulcificar el dolor, venga de donde venga este. No veo grandes diferencias con su anterior banda, Songs: Ohia. Antes eran él y un buen grupo de músicos trashumantes. Ahora son él y un buen grupo de músicos estables.

No existe la estabilidad cuando es uno quien lleva todo el peso. Pero Molina se deja arropar, no parece un monstruo sobre el escenario, es más bien uno más. Pero el más.

Te digo. Te seguirán (y seguirás) amando el arrastre de cuerdas. Verás a veces cosas menores. Pero hay grupos menores que logran hacer perfecta una noche de miércoles.

Y, al fin y al cabo, poco más hay que hacer la noche más prescindible de la semana. La equidistante. La que no es ni inicio ni final.

O sea, el centro. Siempre soso.



Suena la corriente: "Trials & Errors" - Magnolia Electric Co.

martes, 7 de junio de 2005

Bichitos

Dormíamos. Leíamos. Fumábamos. Descansábamos. En un lugar de ensueño. El sonido de un río. El piar de los pájaros. Tus risas. Nadie cerca. Tú y yo solos (eso creíamos).

Era un placer. Para todos.

Incluso para unos bichitos tan simpáticos, tan encantadores, que quedaron prendados de nuestra felicidad. Y decidieron unirse a la fiesta. E igual que tú yo queremos bebernos la vida, ellos quisieron beberse la sangre. Nuestra sangre. Roja la de ambos. Más dulce la tuya (eso seguro).

Y aquí estamos. Descubriendo que se han venido con nosotros. A seguir bebiendo de nuestra vida.

Y ahora encaro una semana de perros. De perros con garrapatas.

¡Sufrida vida la del urbanita esquirol!



Suena la corriente: "Young blood" - Rickie Lee Jones

viernes, 3 de junio de 2005

Sólo ellos

Ya está de nuevo en la calle. Casi cada año. Ofreciendo posiblemente más de lo mismo. Que no significa que sea prescindible. Cuántos a sus 60 años (le quedan apenas tres meses) pueden presentar un historial como el de Van Morrison. Al menos, cuántos, de aquellos grupos de los 60, pueden mantener la cabeza tan alta.

Seguirá siendo un jodido cabronazo. Será pasto de paladares sosos, que imaginan de un magnífico gusto comentar que su última adquisición es el "Magic Time". Ya es casi un mainstream. Pero aún y así, lo disfrutaré. Cuando me apetezca, sin prisas.

De momento, hoy, un camión de basura ha volcado unos kilómetros adelante, y tengo tiempo para degustar al otro Morrison, cuando era más joven, cuando estaba con Them. Me falta algo de espacio, algo de alcohol, pero cigarros y cincuenta canciones grasientas hacen que la autopista me sepa a gloria.

Ese órgano lúdico de los primeros tiempos, las guitarras, la voz, los ritmos, ese sentido R&B, soul, psicodelia, pop. Son cincuenta disparos trufados de clásicos, cincuenta balas de diversos calibres, cincuenta diamantes en bruto. De todas las épocas. De todas las clases. Cincuenta muertes placenteras.

El camión ha esparcido toda nuestra basura sobre el asfalto. Posiblemente sea parte de nosotros mismos. Es lo que hay. Es lo que somos.

Pero hoy es viernes, escucho a Them, y en seguida estaré con Ella.



Suena la corriente: "The story of Them featuring Van Morrison" - Them

jueves, 2 de junio de 2005

Ego erecto

Hola, palurdos.
La última vez que me embarqué en este rojo cascarón ya os contaba que sí, que vale, que estoy como una jodida cabra, pero soy una puta estrella del rock, y a nosotras, las estrellonas, se nos debe permitir todo.

Además, os doy lo que queréis. Ya, ya, todos diréis que es el directo donde uno da la jodida medida. Pero, y qué, ¿acaso no os alimentáis con los discos? Vosotros que consumís compulsivamente todo cuanto cae en vuestras manos, o en vuestros jodidos ordenadores, siempre y cuando pase vuestro personalísimo filtro.

Pues eso es lo que os doy. Carnaza, y de la buena. Supongo que cada vez que me veis encima de un escenario, borracho, o volado, juráis que una y no más. Que pasáis de mí como de la mierda, que no queréis volver a ver mi jodida jeta de garrulo.

Pero, ah, os preparo una nueva rodaja, de nuevo doble, y os resistís, os negáis, sudáis, picáis un poco, a ver qué tal, y hala, otro pez al anzuelo. ¿O me vais a negar que no os ha vuelto a pasar lo mismo escuchando "Cold Roses"? Pedacitos de rock, pedacitos de country (alt, of course), pedacitos de clasicismo americano, pedacitos de pop. Vale, cambia ahora pedacitos por pelotazos, y todo sigue igual, mismo significado, mismo contenido.

¿Que es más fácil? Pero a ver, mamerto, ¿lo disfrutas o no? Pues para qué quieres más. Ah, y es la primera parte de más rodajas que caen este año. Y dejo un poquito (solo un poquito) de lado tanto ego como decís que tengo, y me hago acompañar, incluso en los créditos, por una banda con nombre y todo, The Cardinals.

Si es que yo sé que sois débiles, que se os derrite con apenas acercaros un terroncito de dulce azúcar.

Pues eso, hasta que os cabreéis en el próximo directo, os manda un besazo vuestro odiado/amado Ryan "jodido chalado" Adams.

Fuckin’ young dudes (or not so young)!



Suena la corriente: "Cold roses" - Ryan Adams

miércoles, 1 de junio de 2005

Gargantas profundas

Y bueno, tras la tempestad llega la calma, y aunque aún me exija explicaciones, que sé no serán dadas, uno empieza a adaptarse a la nueva situación.

Y rejuvenece cuando el pasado (muy pasado) devuelve una carta olvidada. Que alguna vez se escribió, a modo de cuento futurista, para acompañar un regalo para alguien. La carta era tan olvidada, que ni el remitente, ni siquiera la destinataria, recuerdan si quiera que alguna vez tuviera algún destino (que servidor, como remitente, no tenga noción de ello, no hace más que confirmar mi recién estrenada década). Parece que acompañaba algún vinilo que uno quiso que llegara a las manos de la otra. Ni siquiera el vinilo está identificado.

La lee Ella mientras conduzco. Ha llegado a sus manos por manos interpuestas. Y me gusta como pronuncia (me gusta como hace todo). Cuenta una historia que transcurre en un futuro. Yo tengo 69 años (ay, ya la edad me pesaba entonces). Es bonita. Nos reímos. Pero la carta volverá a su destinataria original. Las cosas no le pertenecen al emisor.

Como deja de pertenecerme la foto que cuelgo. Juego con mi nueva cámara. Ya no dependo del revelado de otros. Ya soy yo mismo quien escruta y decide. Siempre llegando tarde a la tecnología. Pero esperando que las imágenes de esta barcaza empiecen a ser del propio armador. Aunque dejen de pertenecerle.

Siempre subiendo. Obsesión por las escaleras. Profundas. Como esa garganta profunda que anuncia hoy mismo que era él. Otro pasado que vuelve. Y me da igual. Siempre me interesó más la de Linda Lovelace. Y aún más la de Johnny Cash. Que ahora mismo arrulla mi fin de día.
Aún hay clases.
Él, no yo. Por supuesto.



Suena la corriente: "Unearthed" - Johnny Cash