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martes, 30 de marzo de 2004

Deformando

Ochocientos kilómetros (de momento) por autovías provinciales se convierten en carreteras secundarias que atraviesan desiertos llenos de mequetrefes con motosierra.

Un hotel de provincias tiene el decadente encanto de un motel escondido tras una columna de neones.

Un río (de los de geografía de primaria) es un torrente lleno de peligros (fáciles de salvar, por cierto, para un navegante tan experimentado).

Una frontera sin vida es un abarrotado abismo entre culturas.

Seres no tan diferentes son observados como los auténticos causantes de la existencia de metano en Marte.

Supongo que un tipo que traduce al lenguaje de sus propios (y rutinarios) mitos la realidad que le rodea, simplemente la deforma.

Pero es que, vaya, hay deformidades tan atractivas, que ¡ojos, para qué os quiero!



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